Durante años hablé de storytelling con convicción. Y no me arrepiento. Han sido más de 15 años aprendiendo, aplicando y enseñando sobre el maravilloso arte del storytelling.

El storytelling me permitió abrir conversaciones que antes no existían: en empresas, en marcas, en líderes que jamás se habían detenido a pensar qué estaban contando y desde dónde.

Pero algo empezó a chirriar.

No fue de golpe. Fue una incomodidad lenta, persistente.

Como cuando una palabra se te queda pequeña, aunque siga siendo correcta.

Hoy ya no hablo de storytelling como antes porque ya no me sirve decir lo mismo, aunque el contexto me lo siga aplaudiendo.

El problema no es el storytelling. Es lo que hemos hecho con él.

El storytelling nació como una herramienta poderosa para dar sentido, no para decorar discursos.

Pero en su popularización ocurrió algo previsible: se volvió fórmula, atajo, envoltorio… pppprrrfff…

Historias “inspiradoras” sin conflicto real.

Relatos corporativos sin cuerpo, sin arquitectura narrativa.

Narrativas de éxito que omiten el precio a pagar (y no hablo de dinero), la renuncia y la contradicción.

El storytelling empezó a usarse para embellecer lo que no se quería revisar.

Y ahí dejó de incomodarme la técnica para empezar a incomodarme el uso.

Si tu relato no te representa, te traiciona. – Elia Guardiola –

Contar historias no es inocente

Toda historia ordena la realidad. Toda narrativa jerarquiza hechos. Y toda omisión también comunica.

Cuando una empresa decide qué historia contar sobre sí misma, no solo está comunicando. Está ejercitando poder.

  • Poder para definir qué es relevante.
  • Poder para marcar qué se considera éxito.
  • Poder para normalizar conductas, ritmos y silencios.

Durante mucho tiempo hemos hablado de storytelling como si fuera una habilidad neutra.

Y lo siento, pero no lo es.

La narrativa siempre implica una posición ética, aunque no se nombre.

El cansancio del relato vacío

Empecé a cansarme de escuchar historias bien contadas que no se sostenían en la práctica, que no mantenían la coherencia y congruencia que tanto significa la técnica del storytelling.

Me cansé de discursos emocionales que no encontraban eco en la cultura real de las organizaciones.

De líderes que hablaban de propósito mientras tomaban decisiones que lo desmentían. Una total y absoluta incongruencia…

No por mala fe, sino por la incoherencia no revisada. Por hacer sin pensar en las consecuencias del sinsentido.

Y la incoherencia narrativa es uno de los grandes males silenciosos de nuestro tiempo profesional. No hace ruido, pero erosiona credibilidad, confianza y autoridad.

La coherencia es el nuevo carisma. – Elia Guardiola –

Ya no me interesa enseñar a contar mejor. Me interesa pensar mejor.

Hoy no me interesa tanto ayudar a “contar historias impactantes” como ayudar a entender qué relato estás habitando y cuál quieres compartir con el mundo a través de tu voz.

  • Qué historia te cuentas sobre tu rol.
  • Qué narrativa mantiene tu manera de liderar.
  • Qué discurso legitima tus decisiones… y cuáles evita.

Porque el problema no es la falta de relato. Relatos hay tantos como queramos y más. El verdadero problema es la falta de conciencia sobre él.

La narrativa no empieza en la comunicación.

Exacto, no empieza en la comunicación. Empieza en la identidad.

  • Antes de una presentación, hay una forma de mirar el mundo.
  • Antes de un mensaje, hay un sistema de creencias.
  • Antes de una historia, hay una estructura de poder.

Por eso ya no hablo de storytelling como antes.

Porque hablar solo de técnicas narrativas sin revisar identidad, coherencia y poder es quedarse en la superficie. Es enseñar a hablar sin preguntarse para qué y desde dónde.

Tu narrativa no es lo que cuentas. Es lo que mantienes cuando nadie te mira. – Elia Guardiola –

Este cambio no es una renuncia. Es una evolución.

No he abandonado el storytelling como tal. Estoy más centrada en el storytelling estratégico, en la narrativa para el liderazgo, en la arquitectura del relato…

He llevado el storytelling simple a un lugar más incómodo, más adulto, más honesto.

Un lugar donde contar historias no sirve para gustar más, sino para entender mejor el mundo y las personas.

Donde el relato no es un recurso, sino una responsabilidad.

Y desde ahí, todo cambia.


¿Estás hablando con claridad, influencia y propósito estratégico a través del liderazgo narrativo, la comunicación y la cultura corporativa? Son las herramientas para posicionarte mejor, ganar autoridad y tomar mejores decisiones para los resultados.

Si no es así, tienes un problema, o un reto pendiente. No te preocupes, yo puedo ayudarte a lograrlo. ¿Hablamos?

📩 hola@eliaguardiola.com


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