Hay una epidemia silenciosa en el mundo profesional. La gente cree que está comunicando cuando en realidad solo está hablando. Y cree que está haciendo storytelling cuando en realidad solo está adornando un discurso para hacerlo “más ameno”. Pero eso no es narrativa. Lo siento, pero no. Eso es maquillaje verbal. Por llamarlo de alguna manera.
La narrativa no es un formato. No es un “había una vez…”. No es una anécdota, ni un storytelling de LinkedIn con final motivacional, ni un carrusel con moraleja edulcorada.
Narrativa es otra cosa. Narrativa es orden, es estructura y es sentido. Y el sentido, hoy, es el recurso más escaso del mundo.
1. El gran malentendido: “contar historias” no es narrar
El storytelling se convirtió en religión cuando el marketing descubrió que las emociones venden. Y desde entonces, hemos llenado el mundo de historias.
Pero aquí viene el problema: Hay historias que emocionan y, aun así, no significan nada.
Y eso es peligroso. O mejor dicho, ese es el peligro.
Porque una historia puede conmoverte sin construir criterio. Puede inspirarte sin ayudarte a decidir. Puede entretenerte sin enseñarte nada sobre la realidad.
Y una historia sin sentido no es narrativa. Es, simplemente, contenido.
Contenido para llenar feeds, para parecer humano. Contenido para gustar. Pero ese contenido no es para liderar.
2. El error de empezar por el relato
La mayoría de gente empieza comunicando así:
- “¿Qué cuento?”
- “¿Qué historia uso?”
- “¿Qué anécdota puedo meter aquí para enganchar?”
Y no se dan cuenta de que están empezando por el final. Porque antes de contar nada hay una pregunta que casi nadie se hace:
¿Qué sentido quiero construir en la cabeza del otro?
Narrar no es contar. Narrar es orientar. Es estructurar para que el mensaje tenga coherencia y objetivo.
3. La narrativa es una brújula, no un espectáculo
La narrativa no existe para “enganchar”. Existe para:
- Dar dirección
- Crear coherencia
- Activar decisiones
- Ordenar el caos
- Mantener identidad
- Construir autoridad
Es decir: para gobernar significado.
Y si esto te suena exagerado, te lo aterrizo. Espera, déjame poner claridad a todo lo que te cuento.
En una empresa:
- Puedes tener estrategia. Sin narrativa, nadie la entiende.
- Puedes tener valores. Sin narrativa, nadie los vive.
- Puedes tener cultura. Sin narrativa, se desintegra con la primera crisis.
En una marca personal:
- Puedes tener un relato precioso, pero si no tiene sentido, no te creen.
- Puedes parecer auténtica, pero si no hay coherencia, no te siguen.
- Puedes contar tu historia mil veces, pero si no ayuda a otros a comprender su mundo, no les importa.
Porque esta es la verdad: La gente no te sigue por tu historia. Te sigue por la lectura del mundo que les das.
4. La narrativa es interpretación (y aquí es donde se pone seria)
Y aquí viene una idea que incomoda a los “cuentacuentos”. Sí, estoy metiendo el dedo en la llaga.
La narrativa no es entretenimiento. Es poder interpretativo. Es decir, la narrativa es el marco con el que alguien comprende varias cosas:
- Qué es importante y qué no
- Qué es peligroso y qué límites hay
- Qué se debe desear, o qué es necesario en ciertas ocasiones
- Qué se debe evitar, y qué es necesario hacer sí o sí
- Qué significa ganar o perder
- Quién merece ser escuchado, y si me apuras, lo contrario, quién no
La narrativa no cuenta hechos; los ordena. Y quien ordena los hechos, ordena la realidad.
5. Por qué hoy las historias ya no bastan
Te voy a decir algo muy poco popular en el mundo de la comunicación:
Estamos saturados de historias. Y más en esta era del exceso de contenidos banales. Pero el ser humano es ambicioso, y nos encantan las historias que tienen estructura, arquitectura y una narrativa que le dé sentido a su vida. Es decir, estamos hambrientos de sentido.
Y por eso el storytelling de “superación” ya no convierte igual. Por eso el contenido motivacional empieza a generar rechazo. Por eso la gente está harta del “todo es posible”.
Porque no es real. Y porque, seamos honestos, no sostiene ni mantiene vidas reales.
El público ya no quiere solo emoción. Quiere:
- claridad
- criterio
- estructura mental
- brújula profesional
- visión
Esto no es una moda, es una necesidad cultural. Y antropológicamente hablando, esa necesidad es la que nos hace evolucionar.
Vivimos en un mundo donde pasan demasiadas cosas, demasiado rápido, demasiado caos y con demasiada incertidumbre. Y cuando no hay sentido, la mente se rompe.
6. La diferencia brutal: relato vs narrativa
Vamos a separarlo bien, porque aquí se confunden hasta los profesionales.
El relato:
- Cuenta algo
- Tiene principio y final
- Es lineal
- Puede emocionar
- Puede ser solo anécdota
La narrativa:
- Construye una interpretación del mundo
- No depende de una historia concreta
- Es un marco mental
- Se sostiene en el tiempo
- Da dirección
- Ordena complejidad (estructura)
Ejemplo rápido:
- “Me despidieron y monté mi empresa” = relato
- “El trabajo ya no es estabilidad, es aprendizaje continuo y autonomía” = narrativa
El relato puede inspirar. La narrativa cambia decisiones. Y liderar es cambiar decisiones.
7. La narrativa no se cuenta. Se demuestra
Aquí viene otra. El problema de muchos líderes y marcas no es que no tengan discurso. Es que su narrativa se cae en el minuto dos (o uno, en esta era de la inmediatez).
Porque la narrativa no se valida con palabras.
Se valida con:
- decisiones
- prioridades
- renuncias
- estilo
- conducta
- consistencia
Hoy cualquiera escribe un post “valiente”. Lo difícil es mantenerlo cuando incomoda.
Por eso, no hay narrativa sin coste. Si tu narrativa no te obliga a perder algo, a ganar algo, a aprender algo, a accionar… probablemente no sea narrativa. Será marketing. Ahá, eso es. Cambia el enfoque.
8. El storytelling ha banalizado la comunicación
Sí. Lo digo así.
El storytelling mainstream ha convertido la comunicación profesional en una máquina de simplificar realidades complejas, de reducir matices, vender épicas personales y de convertir cualquier experiencia en producto emocional. Prrrfff…
Y esto tiene consecuencias. Sí, en serio, las tiene y no muy positivas en cierto modo. Porque cuando se vuelve moda, se pervierte. Y hoy el storytelling es, muchas veces:
- narcisismo con estructura
- vulnerabilidad performativa
- emociones como táctica
- autenticidad como estrategia de ventas
Y si esto te molesta, quizá es porque has caído un poco ahí. Haya paz, todos hemos caído en esa zona de confort en algún momento.
El problema no es usar historias. El problema real, el que hace pupa, es usar historias para no pensar.
9. ¿Qué pasa cuando hay narrativa real? (Aquí ocurre la magia)
Cuando una empresa o un líder tiene narrativa real, no necesita “venderse” tanto, ni necesita gritar, ni estar justificándose constantemente.
Una empresa o un líder de verdad, auténtico, de esos que tienen narrativa real, no necesita buscar validación constante ni caer bien.
Porque hay algo más fuerte que el carisma (ojo, que no todo el mundo es carismático, y con el carisma casi que se nace, trabajarlo y no hacerlo bien es nefasto): La claridad narrativa.
Y la claridad narrativa tiene un efecto brutal. La gente confía, incluso aunque no esté de acuerdo contigo. Porque entiende, te comprende, y por supuesto, te respeta.
10. Checklist incómodo: ¿tienes narrativa o solo historias?
Te dejo preguntas para incomodar un poco (y abrir debate):
- ¿Tu comunicación ayuda a entender el mundo o solo cuenta cosas que te han pasado?
- ¿Tu “relato” orienta decisiones o solo entretiene?
- ¿Tu historia tiene conflicto real o es un “problema bonito”?
- ¿Tu discurso sostiene complejidad o la reduce a frases de taza?
- ¿Tu narrativa incluye renuncias (coste) o solo beneficios?
- ¿Tu audiencia se ve dentro o solo te aplaude desde fuera?
- ¿Podrías explicar tu visión sin usar una sola anécdota?
Si no puedes… cuidado. Puede que tengas storytelling. Pero aún no tienes narrativa.
11. Y ahora, siento meter el dedo en la llaga, pero mucha gente usa “historias” para esconder vacío
Esto no se dice en público, pero lo voy a decir aquí. Hay gente que cuenta muchas historias porque no tiene pensamiento propio. No tiene lectura del mundo, ni criterio. No tiene postura.
Y como eso da vértigo… se refugia en el relato. Porque una historia personal no se discute. Se aplaude. Pero una narrativa sí.
Porque una narrativa implica:
- posición
- elección
- renuncia
- ideología (sí, ideología)
- riesgo reputacional
Y ahí ya no es tan cómodo. Eso no es para todos. Es otro nivel de compromiso, y de sacrificio.
Así que si eres de los que quiere seguir creciendo e impactando, deja de contar historias y empieza a construir sentido.
En esta era de sobre saturación mental de contenidos, la diferencia no es quién cuenta más cosas. La diferencia es quién entiende mejor. Quién interpreta mejor. Quién ordena mejor la complejidad. Es cómo cuentas lo que sabes que puede mejorar el mundo.
Quien construye sentido, lidera. Aunque no tenga la historia más bonita.
Te dejo tres preguntas para debate real
- ¿Crees que el storytelling se ha convertido en una herramienta de manipulación emocional disfrazada de autenticidad?
- ¿Dónde está la línea entre narrativa estratégica y publicidad?
- ¿Qué te da más autoridad hoy, contar tu historia o mantener una postura incómoda?
¿Estás hablando con claridad, influencia y propósito estratégico a través del liderazgo narrativo, la comunicación y la cultura corporativa? Son las herramientas para posicionarte mejor, ganar autoridad y tomar mejores decisiones para los resultados.
Si no es así, tienes un problema, o un reto pendiente. No te preocupes, yo puedo ayudarte a lograrlo. ¿Hablamos?