(y por qué en empresas esto cuesta más dinero del que parece)

Vivimos nuestro día a día casi atormentados por el exceso de contenido, pero con una carencia brutal de conexión. Y en la comunicación corporativa esto se magnifica.

Se habla más que nunca. Se publica más que nunca. Se “comunica” más que nunca. Y, sin embargo, la gente no entiende.

Los equipos no se alinean. Los clientes no confían. Y los líderes, muchas veces, sienten que predican en el desierto.

Porque una cosa es comunicar. Y otra cosa es conectar. Y te lanzo la pregunta sin anestesia:

¿tu comunicación conecta o solo decora?

La gran mentira corporativa: “si suena bien, funciona”

En muchas empresas se trabaja la comunicación corporativa como si fuera decoración. Frases bonitas, presentaciones limpias, mensajes “correctos” y tono institucional impecable.

Todo muy profesional. Todo muy pulido. Pero la pregunta no es si queda bien. La pregunta es: ¿mueve a alguien?

Porque si tu mensaje:

  • Se entiende pero no se recuerda.
  • Se escucha pero no se actúa.
  • Se aplaude pero no se implementa…

Entonces no es comunicación. Es estética. Es, como suelo llamarlo, maquillaje narrativo.

Conectar no es emocionar. Es provocar acción con sentido y coherencia

Aquí está el matiz que pocos entienden (a veces creo que no quieren entender). Conectar no es poner emoción encima del mensaje. Y hale, chimpún. Ya está. No, en serio, así no funciona. Conectar es hacer que el mensaje sea emocionalmente relevante para quien lo recibe.

Y eso cambia el juego. Créeme. Porque en el liderazgo, la comunicación no se mide en likes, sino en claridad, alineación, confianza, compromiso y velocidad de ejecución.

– Elia, ¿velocidad?

– Sí. Velocidad. La mala comunicación corporativa ralentiza empresas enteras. No lo olvides.

Señales de que tu comunicación decora (pero no conecta)

Te dejo señales muy claras. Y te lo advierto, dolerán. Bien. Así debe ser. 😉

1) Tu audiencia asiente, pero no cambia nada

La gente dice “qué interesante” y vuelve a hacer lo mismo.

¿Qué significa esto? Tu mensaje fue bonito, pero no fue relevante.

2) Tu equipo entiende, pero no lo siente propio

Hay comprensión racional, pero no adhesión.

Y aquí está el problema. Un equipo que no se apropia del mensaje solo cumple. Y el cumplimiento no crea cultura.

3) Te escuchan, pero no te recuerdan

Cuando tu comunicación corporativa se parece demasiado a la de todos… ¿sabes qué pasa? Que desapareces.

El mercado no recuerda lo correcto. Recuerda lo que le toca la fibra, la necesidad, el punto de dolor, el acoplamiento neuronal (trasladar nuestras propias experiencias a aquello que estamos viendo, escuchando o leyendo).

4) Suena profesional, pero no tiene alma

Esto es de los grandes males corporativos.

La comunicación se vuelve tan aséptica que parece escrita por una inteligencia artificial con corbata. Meeeeeccc… sí, como la mayoría de textos que leo últimamente en todas partes. Y LinkedIn no se salva tampoco.

Así que el resultado es claro: no hay vínculo.

¿Qué hace que una comunicación conecte de verdad?

Conectar no es “hablar bonito”. Es hablar con intención. Con un objetivo bidireccional (aunque el objetivo sea diferente para cada parte). Y la intención se nota.

1) Empieza por la empatía (no por mensaje)

Antes de escribir, antes de hablar, antes de preparar una presentación, pregúntate:

  • ¿qué le preocupa a la persona que me escucha?
  • ¿qué teme?
  • ¿qué está intentando proteger?
  • ¿qué necesita para confiar?

Imagínate la situación. Un directivo abre una reunión diciendo:

“Antes de hablar de resultados, quiero reconocer el esfuerzo real que se ha hecho este trimestre. No ha sido fácil. Y se ha notado.”

Solo eso ya hace algo poderoso. Baja la defensa y abre la escucha.

2) Habla como un ser humano de verdad, no como un folleto

El tono corporativo neutro es cómodo, pero desconecta. Porque la neutralidad absoluta no transmite liderazgo. Transmite miedo a mojarse.

Y un líder que no se moja… no mueve. Fin.

3) No argumentes: construye sentido

Los datos informan. Los argumentos justifican. Pero el sentido alinea. Cuando una organización no tiene relato compartido, lo que ocurre es esto:

  • Cada equipo interpreta distinto.
  • Se crean microverdades.
  • Aparecen rumores.
  • Suben fricciones.
  • Baja eficiencia.

Comunicar no es explicar. Es crear marco. Es dar sentido al mensaje. Pero sobre todo es ser coherente y congruente con aquello que se piensa, se dice, se hace y se siente. Es dar forma a todo aquello que somos y proyectamos en los demás, y en nosotros mismos. – Elia Guardiola –

4) Vulnerabilidad (sí). Pero estratégica

No se trata de contar tu vida. Se trata de decir la verdad cuando toca.

“Esto no salió como esperábamos.” “Tomé una decisión con información incompleta.” “Este error fue mío. Y esto es lo que vamos a cambiar.”

Eso genera algo rarísimo en empresa: CONFIANZA.

Porque la gente no necesita líderes perfectos. Necesita líderes creíbles, reales, auténticos. Y sí, parece una frase cliché, pero es tan realista que debemos refrescarnos la memoria cada cierto tiempo con ella.

5) Coherencia. Lo que dices vs lo que haces

Si tu comunicación corporativa promete cultura y tu empresa castiga errores, entonces no hay relato que aguante.

La coherencia no es un valor bonito. Es una condición. Sin coherencia, no hay conexión: hay cinismo,

Los tres errores más frecuentes cuando se busca “conectar”

  • Error 1: Creer que emoción es decoración. No. La emoción es la puerta. Y tú decides si detrás hay sustancia… o humo.
  • Error 2: Copiar tono ajeno. Esto pasa muchísimo. Se copia el estilo de LinkedIn del momento: frases hechas, fórmulas, estructura clavada. Y el resultado es el peor posible: suena bien… pero suena a nadie.
  • Error 3: Forzar la conexión. La conexión forzada da cringe corporativo. Y el cringe genera rechazo. Conectar no es “intentar gustar”. Es atreverse a ser claro.

Por cierto, si no sabes qué significa «cringe»: Sentir vergüenza ajena, incomodidad extrema o «grima» ante las acciones, palabras o situaciones de otra persona.

Estrategia práctica para dejar de decorar y empezar a conectar

Te propongo un protocolo simple (y muy directivo-friendly):

1) Escucha antes de hablar

Ya, parece de sentido común, pero lo es menos de lo que piensas.

Una pregunta a tu equipo puede cambiarlo todo: ¿qué es lo que no estamos diciendo aquí?

Te sorprendería lo que sale cuando hay (das) permiso.

2) Define el mensaje que quieres que se repita

Tu comunicación es efectiva si la gente puede resumirla en una frase y repetirla mañana.

Si no se puede repetir, entonces no se puede implementar.

3) Ensaya el impacto, no la estética

Prueba tu mensaje con un grupo pequeño y observa:

  • ¿hace preguntas?
  • ¿genera conversación?
  • ¿produce fricción interesante?
  • ¿mueve emoción real?

Si solo genera “muy bien dicho”… SPOILER: Debes sospechar.

Beneficios reales de comunicar conectando

Cuando conectas de verdad:

  • Generas confianza (y baja política interna).
  • Aceleras ejecución.
  • Aumentas compromiso.
  • Mejoras reputación.
  • Te diferencias como líder.

Porque al final…

Un líder no es el que habla mejor. Es el que hace que los demás se muevan con sentido, coherencia y autenticidad. – Elia Guardiola –

La conexión no se construye con palabras perfectas. Se construye con verdad, intención, empatía y, algo de lo que hablamos poco… coraje.

Sí, coraje para no sonar a plantilla. Porque hoy, lo “bonito” ya no compite. Está lleno. Lo que escasea es lo real.

Te dejo un par de preguntas incómodas para que las vayas respondiendo, para que luego tomes acción:

  • ¿Qué has visto en tu empresa: comunicación corporativa que conecta… o comunicación que solo decora?
  • ¿Y qué coste crees que tiene eso en resultados?

¿Tus equipos y líderes están hablando con claridad, influencia y propósito a través del liderazgo narrativo, la comunicación y la cultura corporativa?

Si no es así, tienes un problema, pero yo puedo ayudarte a lograrlo. ¿Hablamos?

💻 www.eliaguardiola.com 📩 hola@eliaguardiola.com


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