Hace un tiempo escribí sobre algo que me ha hecho pensar bastante sobre nuestro comportamiento y los fenómenos de Psicología Social:
Las incapacidades cognitivas por voluntad propia hacen al individuo un inútil a nivel digital, pero sobre todo a nivel humano.
Dejé esa frase en el baúl de los recuerdos durante meses, dejando que se enfriara, y con ella, mi pensamiento crítico.
Pero tiempo después, la retomé como quien tiene un jersey en el armario que le gusta mucho pero que no se pone por si se estropea.
Así que dentro de mi marco de la psicología social, la empecé a desgranar. Lo que no sabía es que esa frase que me había nacido del alma casi de forma impulsiva un día cualquiera observando comportamientos humanos en las redes sociales, y del conocimiento, la inquietud y la curiosidad cogidas las tres de la mano, seamos honestos, me llevaría hoy a escribir este artículo.
Así que aquí va mi pensamiento crítico, mi reflexión y mi foco sobre la capacidad o incapacidad de aprender, entender y tomar decisiones.
¡Arrancamos!
¿Existe la incapacidad cognitiva voluntaria? Otra reflexión sobre Psicología Social
Sí, existe algo muy parecido, pero “incapacidad cognitiva voluntaria” no es un término técnico consolidado en psicología o neurociencia.
La distinción importante es que una incapacidad cognitiva, por definición, no suele ser voluntaria. Si alguien realmente no puede comprender, razonar, recordar, inhibir una respuesta o integrar determinada información por una alteración cognitiva, no está eligiendo esa limitación.
Pero una persona perfectamente capaz puede elegir no saber, no mirar, no procesar o no integrar información que podría procesar.
Varios fenómenos estudiados en la Psicología Social
Ignorancia deliberada (willful ignorance)
Se trata de evitar activamente información disponible porque conocerla obligaría a reconsiderar una decisión, asumir responsabilidad o afrontar determinadas consecuencias.
Una revisión metaanalítica publicada en Psychological Bulletin confirma que las personas pueden escoger no conocer las consecuencias de sus actos, especialmente cuando esa ignorancia les permite actuar en su propio interés.
Evitación de información
Es un “prefiero no saberlo”. No porque el cerebro sea incapaz de entenderlo, sino porque conocerlo puede generar ansiedad, conflicto, culpa o exigir una conducta posterior.
Ignorancia estratégica
La persona podría obtener la información fácilmente, pero decide no hacerlo porque la ausencia de conocimiento le resulta funcional. Experimentalmente se ha observado incluso que la presión temporal aumenta esta conducta.
Razonamiento motivado
Aquí la persona sí procesa información, pero no de manera neutral. Selecciona, interpreta y pondera los argumentos de una forma que facilita llegar a la conclusión que previamente desea. Es un fenómeno clásico en psicología cognitiva y social.
Diferencias interesantes entro de la Psicología Social
Y hay una diferencia que me parece especialmente interesante:
“No puedo entenderlo” ≠ “no quiero entenderlo” ≠ “quiero entenderlo de una manera que no amenace lo que ya creo”.
El primero sería incapacidad. El segundo, evitación o ignorancia deliberada. El tercero, razonamiento motivado.
Lo fascinante es que el segundo y el tercero pueden acabar pareciendo incapacidad cognitiva desde fuera. Puedes explicarle algo a alguien con absoluta claridad, mostrarle datos, contradicciones y ejemplos, y aparentemente “no lo entiende”. Pero puede que el problema no sea la comprensión.
Entender esa información tendría un coste psicológico demasiado alto: reconocer que estaba equivocado, asumir responsabilidad, modificar su identidad, cambiar una conducta, perder estatus o aceptar que ha perjudicado a alguien.
El cerebro dispone de una habilidad prodigiosa para construir justificaciones que permitan conservar una conclusión deseada.
Eso es precisamente una de las tesis centrales de los trabajos sobre motivated reasoning: no necesariamente inventamos cualquier explicación. Buscamos aquellas que nos permitan alcanzar la conclusión preferida manteniendo una apariencia razonable ante nosotros mismos.
El coste de entender o no
Porque entender puede implicar:
“Entonces me equivoqué.”
“Entonces fui injusto.”
“Entonces tengo que pedir perdón.”
“Entonces llevo años defendiendo algo falso.”
“Entonces tendré que cambiar.”
“Entonces esa persona que criticaba tenía razón.”
En empresas sucede constantemente:
- Reuniones donde alguien pide “más datos” cuando en realidad no quiere tomar una decisión.
- Líderes que dicen que “no ven claro” un problema que amenaza una estrategia impulsada por ellos.
- Clientes que siguen solicitando explicaciones porque aceptar el diagnóstico implicaría reconocer que han invertido mal.
A veces seguimos explicándonos porque creemos que el problema es de claridad, cuando el verdadero problema es que nuestra explicación amenaza algo que la otra persona necesita conservar.
Eso cambia además nuestra forma de comunicar. Cuando hay falta de comprensión, hay que explicar mejor. Cuando hay resistencia psicológica, seguir acumulando argumentos puede reforzarla.
Mis conclusiones personales y reformulación de un concepto propio
Por eso, después de analizar, estudiar, buscar, cotejar, corroborar e incluso experimentar, yo no lo llamaría “incapacidad cognitiva voluntaria”, aunque como concepto divulgativo es lo que sentí en mis adentros.
Así que lo reformulé como: “renuncia cognitiva voluntaria”, “ignorancia cognitiva deliberada”, o incluso “la decisión de no comprender”.
Y este último concepto da para muchísimo desde narrativa, liderazgo y comportamiento humano, porque hay conversaciones en las que el problema no es explicar mejor: la otra persona tiene incentivos para no entenderte.
Ahí seguir aportando argumentos puede ser completamente inútil. 😉
¿Cuántas veces has pensado que alguien no te entendía cuando, en realidad, entenderte significaba aceptar algo que no quería aceptar?
Te leo.
Nota:
Estos contenidos son parte de mis experiencias y conclusiones personales que me han enseñado a mejorar profesional y personalmente. No creo en las verdades absolutas (a menos que haya pruebas fehacientes), pero sí son mi verdad basada en hechos reales.
Los contenidos que comparto sobre psicología social, neurociencias del comportamiento humano, inteligencia emocional, arquitectura del relato y estructuras narrativas son parte de mi constante estudio documentado para aportar rigor en el apoyo de los hechos desde hace casi veinte años.
Así mismo, mis reflexiones son pensamientos personales, propios, huyendo de meterme en debates conflictivos, pero sí creyendo en el diálogo humano para enriquecernos. Escupo lucubraciones propias que me ayudan a plasmar mi pensamiento crítico ante situaciones de la historia de la humanidad, de su antropología y psicología del comportamiento como parte de microfenómenos de la sociedad.
Todos los comentarios son bienvenidos siempre que se hagan desde el respeto y ayuden a aportar valor al pensamiento colectivo.
Elia Guardiola – hola@eliaguardiola.com – www.eliaguardiola.com